11 abril 2008

Douglas A-24B Banshee en la FACh

Un campeón olvidado
A pesar de lo que alguien pudiera pensar, nuestra casi centenaria aviación tiene una infinidad de temas aún inexplorados. Y esto se da por una doble vía: aquellos tópicos que nunca han sido abordados, y aquellos otros que sólo han asomado tímidamente. Dentro de estos últimos, el asunto relativo al empleo por parte de nuestra fuerza aérea de los Douglas A-24B Banshee me parece que tiene algunos elementos sobre los cuales se puede elaborar algo, principalmente porque lo que se ha escrito localmente acerca de este avión de ataque es escaso, y lo que nos ha llegado desde el extranjero adolece del mismo problema.

Siguiendo con la política habitual de El Observador Aeronáutico, la idea de las notas de a continuación es solamente ilustrar a los lectores con algunos antecedentes inéditos, no necesariamente definitivos (salvo aquellos datos que por su propio peso lo sean), y tratar de avanzar algunos pasos más allá de lo que se viene repitiendo desde hace tiempo. Con todo, lo cierto es que aún quedan muchas aristas abiertas y, si hacemos un simple balance entre el tiempo transcurrido desde que estos aparatos estuvieron en Chile y el número y entidad de los párrafos escritos a propósito, ciertamente todavía parece estar muy lejano el día en que podamos leer la historia definitiva de los A-24B en manos de la FACh.

También reitero que, básicamente por el formato del blog, quedan fuera las múltiples notas de pie de página y también el detalle más específico del análisis bibliográfico que sustentan el original de este artículo.
Tripulantes y tres A-24B (más el clásico quiltro chilensis) (foto, archivo Rino Poletti)
¿Cabe la historia en sólo un párrafo?
Viendo las cosas como simple lector, siempre me ha llamado la atención que el tema de los A-24B en la FACh haya sido uno tan poco abordado. Digamos, el avión no era poca cosa: en la época en que llegó aún estaba de moda en diversos frentes de batalla, y en Chile pasaba a ser nuestro más poderoso medio aéreo ofensivo (a lo menos nominalmente).

Lo ocurrido con el número 146 (de 1978) de la recordada y querida revista Fuerza Aérea (me refiero a aquella que conocimos a fines de los años ’70, obviamente) es indicativo de las características del fenómeno sobre el que ahora llamo la atención: cualquiera que hoy día viera esa colorida portada en algún punto de venta se imaginaría, con razón, que en el artículo firmado por Arturo Jiménez podría encontrar multiplicidad de datos acerca del mismo tema: los aviones A-24 en Chile. Por el contrario, si bien ese número traía documentados trabajos relativos al Dauntless y a la batalla de Midway, entre otros, la decisión editorial de elección de portada fue desacertada, pues no había ninguna relación entre ella y la cantidad y calidad real de información consignada acerca del servicio del avión en Chile (menos de media página y sin siquiera una imagen). Ustedes deben saber que en revistas de aviación europeas han quedado pequeños escándalos por cosas menores que esa.

Algo similar ocurrió –obviamente sin mala fe– en un relativamente reciente autoeditado trabajo para plastimodelistas sobre el mismo tema, el A-24 en Chile (desconozco autor). Varias páginas y fotos sobre el Dauntless y el Banshee norteamericano, pero con la misma carencia de contenidos acerca del material nacional.
Imagen del avión 712 (Chile Aéreo)
En alguna oportunidad posterior la también excelente (pero ya desaparecida) revista argentina Pista 18 abordó en su número 14 (de 1999) el tema en el artículo Los Dauntless en Chile, firmado por Claudio Cáceres Godoy. Aunque marcado por una notable cantidad de errores y sobre todo por un mal trabajo de edición por parte de los argentinos, ese artículo de una página tal vez sí pueda ser considerado objetivamente como un ligero avance en la mirada-de-autor relativa a un tema sobre el que en Chile muy poco se había publicado. Una reedición sin mayores cambios se hizo del mismo en el número 58 la mexicana América Vuela, como parte del trabajo más general titulado Douglas A-24B, el clavadista latinoamericano, y también sirvió para “alimentar” a algunos sitios web nacionales dedicados a hablar de aviones.
Un descanso en escala de raid al sur (foto, archivo Rino Poletti)
Desde el punto de vista institucional, esto es trabajos provenientes desde las propias filas de la FACh, el aporte tampoco ha sido particularmente prodigioso. Descartemos de antemano la posibilidad de encontrar algo salido de la pluma del siempre contundente Enrique Flores Álvarez, pues los trabajos conocidos del coronel llegan sólo hasta los acontecimientos inmediatamente posteriores a la fundación de la FACh en 1930. Por otro lado, la Historia de la Fuerza Aérea de Chile, de Rodolfo Martínez Ugarte (1963), en su página 213 se refiere en un par de párrafos tan sólo a dos cosas: la breve noticia de la llegada de los 12 aviones en 1944, y algunos datos del accidentado vuelo entre Punta Arenas y Arica en 1946. Nada más. La misma práctica se puede apreciar en otras publicaciones posteriores: conocemos los dos y medio párrafos (pág. 138) de la conocida edición del cincuentenario de la FACh editada por la revista Fuerza Aérea en 1980 (y copiada sin cambios en la edición relativa al 75º aniversario institucional). Objetivamente, escaso interés y ninguna investigación, aunque los pocos datos que entregan –particularmente el año de llegada de los aviones y el enunciado de algunas circunstancias de los viajes dentro de Chile– aparecen relativamente bien consignados.

La misma revista Fuerza Aérea nos entregó en 2001 (Nº 225) un relato que afortunadamente se apartó bastante de la tendencia anterior. Bajo el título de Las Bestias Pardas, el retirado coronel Diego Aracena González, quien pilotara alguna vez los mismos aeroplanos, se despachó cinco entretenidas páginas que se centraron exclusivamente en aspectos técnicos del avión y en las particularidades de la maniobra de bombardeo en picada. Harto detalle y notas interesantes. Bien.

Los aficionados a estos temas ciertamente esperábamos un aporte mayor con las ediciones de la nueva Historia de la Fuerza Aérea de Chile, esos gruesos y pesados volúmenes azules editados por la Comandancia en Jefe a contar del año 2000. La oportunidad llegó con el número 2 del mismo trabajo, el que, sin embargo, y lamentablemente, defraudó en toda la línea en el tema que nos preocupa. Primero, porque al dedicar sólo un párrafo al tema (pág. 895) reeditó la ya contumaz pobreza de contenidos; segundo, porque se equivocó de lleno en un punto muy sencillo (mismo que las publicaciones anteriores, pobres y todo, tenían bastante claro), cual es la fecha de arribo de los aviones; y, tercero, porque un tercio de ese párrafo que se despachó lo dedicó a abordar –curiosamente en nombre del “rigor histórico”– una cuestión notable (atendida la falta de mayor investigación sustancial): la pueril discusión entre los aficionados locales respecto de si la correcta forma de llamar a los ejemplares nacionales es “Dauntless” o “Banshee”.

En cuanto a trabajos llegados desde el extranjero, me parece que, por lo visto, la cosa no ha avanzado mucho más allá, pues se produce el mismo fenómeno repetitivo. Lo último que tengo en tal sentido es el trabajo Douglas SBD Dauntless, de Robert Pęczkowski (2007), el cual recopila algunas cosas del tema y dedica también algunas páginas a los aviones de Chile y México y de otros usuarios (aunque –dicho sea de paso– le falta consignar a otro de los operadores latinos). Siguiendo la tendencia, la parte chilena, en este caso una colaboración que aparece bajo el nombre de Germán Lüer, consta sólo de un corto párrafo. Dejando de lado el evidente hecho de que el trabajo del polaco está orientado más bien hacia modelistas plásticos, y como suele ocurrir en libros armados con aportes de textos de otros autores, no queda claro si la colaboración que se refiere a Chile fue breve en origen, o el europeo hizo un trabajo de edición muy extenso. Con todo, el texto también presenta algún problema de redacción, lo que incide –a mi juicio– en una necesaria precisión, como veremos más adelante.

"Cuestiones de previo y especial pronunciamiento"
La mayoría de los trabajos mencionados antes están fácilmente disponibles en varias partes (para venta o para consulta), y el libro del polaco puede adquirirse sin dramas en internet, por lo que no repetiré lo dicho por sus autores a menos que sea para establecer algunas comparaciones útiles. El método para las notas que siguen será, entonces, aportar sólo la información inédita de que dispongo, o elaborar algo sobre aquellas cuestiones sobre las cuales me parece relevante hacer algunas observaciones.
(Foto, archivo Rino Poletti)
Por lo pronto, digamos que hasta ahora todo indica que los aviones que llegaron a Chile fueron 12 en total, y que sus matrículas corrieron desde el 701 al 712. Lo digo porque los datos oficiales que hay así lo señalan, y porque algún lector exigente podría plantear la duda a propósito de lo dicho por el número 146 de la revista Fuerza Aérea, en el sentido que estos aviones habrían sido registrados “700 a 712”, o sea 13 aparatos.

En cuanto al origen de los aeroplanos puede decirse que estos efectivamente fueron Douglas A-24B-1-DT, originalmente destinados a la USAAF, cuyos números de serie corrieron en el lote de producción signado con los dígitos 42-54285 al 42-54399, esto es fabricados durante 1943 con cargo al año fiscal estadounidense de 1942. La ampliamente mencionada circunstancia de haber sido transferidos en calidad de nuevos a la FACh tiene asidero en lo mencionado, aunque también hay breves referencias documentales nacionales de uno o más de los aviones saliendo de fábrica entre los meses de junio a agosto de 1943.
Inspeccionando una formación (foto, archivo Rino Poletti)
La mayoría de las publicaciones mencionadas (y otras que se han referido al tema más tangencialmente aún) dicen que los aparatos llegaron a Chile gracias a las “gestiones del PAM”, entendido por ellas como el “Pacto de Ayuda Mutua”. La verdad es que los aviones pasaron a nuestros inventarios –al igual que muchos otros en esos años– con cargo a las posibilidades permitidas por la norteamericana Ley de Préstamos y Arriendos (o Lend-Lease Act) de marzo de 1941, por la que se transfirió material de guerra a los países aliados de Washington durante la SGM. No está de más recordar que el famoso PAM erróneamente citado por la mayoría (y, en realidad, “Pacto de Asistencia Mutua”) fue una iniciativa de los años ‘50 y que estuvo vigente entre Washington y Santiago recién a contar de abril de 1952. Así es que en este punto sólo están en lo correcto el actual Historia de la Fuerza Aérea de Chile, que hace un análisis algo más completo (y ciertamente muy interesante) de las transferencias de material aéreo a Chile durante la SGM, y la recopilación del polaco Pęczkowski.
Walk around al avión 701 (foto, archivo Rino Poletti)
A propósito de fechas, digamos que el arribo de los aviones a Santiago debe establecerse sin duda alguna en el mes de enero de 1944, pues fue a fines de diciembre de 1943 que se dio inicio a los sucesivos autotraslados de las cuatro bandadas de aeroplanos a Chile. El tema está debidamente documentado, como veremos, y si bien otros autores mencionan otras fechas, no dan razón de sus dichos, por lo que yo los descarto. Entonces, la mayoría de las publicaciones sostienen correctamente que los aviones llegaron “en 1944”, aunque hay un par de ellas que merecen un comentario especial, una por error y la otra por imprecisión:

La primera es el actual volumen II del Historia de la Fuerza Aérea de Chile, que sale con la tamaña sorpresa de que los aviones llegaron “hacia fines de 1944” (p. 895), sobre lo cual me guardo todo comentario, por lo fuera de lugar de ese error.
La segunda, el texto de Pęczkowski/Lüer de 2007, que dice que Chile se recibió de los aviones (“took delivery”) “entre junio y agosto de 1943”: aunque el autor del texto no lo menciona, debe entenderse que esos meses marcan las oportunidades en que la Misión Aérea chilena en Washington (a cargo entonces del GBA Óscar Herreros Walker) o el oficial coordinador en Texas (el CDG Felipe Latorre Jáuregui) recibieron de manera real o simbólica los aviones de parte de la fábrica o de alguna autoridad norteamericana. Aunque el texto del polaco no consigna las fuentes que sustentarían tal afirmación, precisemos por nuestra parte que esos meses también figuran como tales en un documento local de resumen titulado “Orden de Entrega de los Aviones que hace EE.UU. de N.A. en el año 1943”, el que además consigna que en junio se habrían “recibido” 2 aparatos, 5 en julio y los 5 finales en agosto. Si bien este último documento debe tomarse con algunas reservas (pues es sólo un manuscrito, que no dice cuándo, ni dónde, ni quién lo elaboró o suscribió, ni tampoco especifica qué cosa realmente ocurrió entre junio y agosto de ese año), en caso alguno puede referirse a los arribos a Chile, cosa que, como vimos, recién ocurrió varios meses después. Vale la pena precisar el detalle, aunque –por unos datos mencionados al pasar en documentos chilenos posteriores– esos meses serían los de finalización del proceso de fabricación de los aviones (o el "date accepted"), como veremos más adelante.
Se suele decir que este es el paisaje de Ñirihuao,
de seguro en una imagen hecha durante un crucero al sur del país
(archivo, autor)
Finalmente, es conocido que los aviones llegaron a domiciliarse primeramente en la base de El Bosque (período 1944-45), mientras se ponía a punto la base de Colina, al norte de Santiago, desde donde operaron entre 1945-48, siempre bajo la tuición del Grupo Nº 4. Desde 1948, y hasta su retiro definitivo en-o-cerca-de 1950, los ya escasos sobrevivientes de la docena original (cuatro aviones, según el libro La Aviación en Magallanes, de Alberto Fernández) pasaron asignados al Grupo Nº 6 que operaba desde Bahía Catalina, en Punta Arenas. Es sabido además que, en general, las actividades realizadas con estos aparatos comprendieron formación diurna y nocturna, vuelo cordillerano, bombardeo en picada y horizontal, ametrallamiento, ataque naval, reconocimiento armado, y cruceros de exploración de carácter nacional.
Elemento del 707 y 709 (foto, libro de Robert Pęczkowski)
En la última faceta citada, la realización de cruceros de carácter nacional, es donde encontramos naturalmente la mayor cantidad de material de prensa (revistas y diarios de la época) relacionado con las operaciones de los A-24B. Y es que esos viajes no fueron menores, ni tampoco libres de accidentes; su finalidad fue principalmente la de ampliar el ámbito de acción territorial de nuestra fuerza aérea en una época de muchas –demasiadas– carencias en pistas, instalaciones y comunicaciones. Estos viajes comenzaron a fines de 1944 y algunos de sus aspectos son referidos en algunas de las publicaciones citadas anteriormente, aunque aquí veremos algunos efectos propios de ellos, a propósito de la vida pormenorizada de cada aparato.

La llegada de los aviones a Chile
El vuelo de autotraslado de los 12 Douglas A-24B a Chile se hizo en cuatro bandadas de tres aviones cada una, llamadas Bandadas Primera a Cuarta, o bien identificadas por los apellidos de los oficiales líderes de cada una de ellas, esto es el capitán de bandada Alfonso Scheihing y los tenientes Jorge López, Eduardo Middleton y Alfredo Lavín (no necesariamente en el mismo orden). Los antecedentes documentales que existen se refieren en concreto a los viajes de todas ellas, exceptuando la bandada de Lavín, cuyos informes relativos al vuelo parecen haberse extraviado en esa misma época. Como fuera, veamos los hitos de mayor interés.

Lo destacable es que la primera referencia documental real que tengo del despegue de una de las bandadas chilenas dice que ésta decoló desde la base Kelly, en San Antonio, Texas, el 31 de diciembre de 1943 y llegó a Santiago el 13 de enero de 1944. Los aviones que participaron de este vuelo fueron los s/n 42-54346, 42-54391 y 42-54393, y venían a cargo del teniente López, estando además integrada por los siguientes oficiales: tenientes Emilio Schonherr, Arturo Benson y César Ruiz. Los tramos seguidos en el viaje fueron los siguientes, empleándose un total de aproximadamente 41 horas promedio de vuelo efectivo:

San Antonio-Brownsville
Brownsville-Veracruz
Veracruz-San José de Guatemala-Managua
Managua-David-Río Hato
Río Hato-Turbo
Turbo-Cali
Cali-Salinas-Talara
Talara-Chiclayo-Lima
Lima-Arica
Arica-Antofagasta-Santiago

Las otras bandadas siguieron similar trayecto, de acuerdo al siguiente detalle:

El 3 de enero de 1944 despega desde Kelly la bandada Scheihing, que arriba a Santiago el 31 de enero siguiente. Esta agrupación estaba compuesta por los aviones 42-54309, 42-54345 y 42-54313, siendo los oficiales tripulantes, además, los tenientes Juan de Solminihac y Juan Botteselle, el capitán de bandada Darío Bobadilla y el suboficial Juan San Martín. Sobre las vicisitudes de esta agrupación volveré más adelante con un detalle notable y digno de ser registrado.

El 8 de enero de 1944 despega la bandada Middleton, arribando a Santiago el 21 de enero de 1944, y compuesta por los aviones s/n 42-54343, 42-54390 y 42-54347. La conformaban, además, los tenientes Roberto Taulis, René Ianiszewsky y Ricardo Solari, más el sargento mecánico Luis Cornejo.

Respecto de la bandada Lavín, como ya dije, lamentablemente no tengo confirmación documental oficial completa respecto de las fechas de despegue y aterrizaje, ni de los aviones específicos, aunque la llegada se concretó igualmente en enero de 1944 y los tres aparatos habrían sido los 42-54344, 42-54389 y 42-54392. ¿Es probable que este grupo hubiera despegado algunos días antes del 31 de diciembre de 1943?: por supuesto que sí, aunque no tengo certeza al respecto. Lo que sí es cierto es que no resulta fácil conocer el paradero de los documentos que podrían aclarar definitivamente el punto, si es que estos todavía existen (por lo menos, ya en 1944 los archivistas de la FACh encargados echaban de menos en los legajos oficiales el Diario de Viaje del propio Lavín, así es que es muy probable que dichos papeles se hayan perdido). Como sea, una búsqueda más acuciosa debería dar algún resultado al rastrear la Orden del Día Nº 7 de la Misión Aérea de Chile en EE.UU., dictada por el delegado de la Misión en Kelly Field, el comandante de escuadrilla Felipe Latorre Jáuregui el día 25 de diciembre de 1943, documento que –en resumidas cuentas– ordenaba la ejecución de la misión de autotraslado de las cuatro bandadas de bombarderos.
Esta imagen es particularmente interesante debido a que el avión 707 aparece con sus señas chilenas en el borde de ataque del ala izquierda y los tres últimos dígitos de su número de serie de fábrica, el 347 (42-54347)
situado adelante de la antena, en formato pequeño (foto, archivo Rino Poletti)
Cabe señalar también que en la documentación de la época los aviones aparecen identificados sólo por sus números de serie norteamericanos (los mencionados más atrás) y no por un número de orden o matrícula militar nacional; ni existe en tales documentos ni en otros posteriores (incluso notas inventariales de años después) referencia –ni siquiera al pasar– de la correspondiente relación entre una y otra seña (s/n & número de orden), un fenómeno que –dicho sea de paso– se repite mucho a la hora de estudiar detalladamente el tema de los aviones estadounidenses transferidos a Chile en los años ‘40 y posteriores, incluso a nivel de papeles de mantenimiento de aviones en la misma línea de vuelo.

El primer accidente
El viaje de los aviones a Chile no fue precisamente una pera en dulce. Grandes distancias, climas variables, varios descensos, enfermedades de los tripulantes y fallas menores de los bombarderos caracterizaron diversas etapas de los vuelos, algo que también podemos ver en varios casos de los autotraslados de los Vultee BT-13 y los aviones North American AT-6.
Parte de la ruta que siguieran en Centroamérica las formaciones de A-24B en su viaje a Chile; en Colombia aparece el aeródromo de Turbo, en el que se accidentara uno de los aviones
Particularmente en el caso de la bandada de A-24B de la formación Scheihing, el día 8 de enero de 1944 un accidente afectó al avión s/n 42-54345 (seguramente, y con posterioridad, el FACh 705) del capitán Bobadilla y el suboficial San Martín, en los momentos en que la agrupación hacía el tramo Río Hato (Panamá continental) – Turbo (Colombia). Los aviones habían despegado desde Río Hato a las 08.30 hora local con rumbo a la isla Taboga (situada en el golfo de Panamá), para ir de ahí hasta la localidad de Chico (escoltados por cuatro cazas Curtiss P-40) y finalmente a la pista de Turbo, ya en el país cafetero. En este aeródromo, donde esta bandada se encontró con la agrupación liderada por el teniente López, el avión de Bobadilla aterrizó sin desplegar el tren de aterrizaje, por olvido del piloto, sufriendo daños varios en las capotas inferiores del anillo NACA, las mismas del centro plano, los portabombas laterales y la horquilla guía de la bomba central, y en el motor y la hélice. Como los daños fueran considerados inhabilitantes e imposibles de reparar in situ, se comunicó el hecho a las autoridades chilenas en el campo Kelly, solicitándose la concurrencia de un ingeniero y un motor nuevo.

La formación de Scheihing estuvo varada en Turbo hasta el día 24 de enero, oportunidad en la cual recibió la visita del comandante de grupo Raúl González –de paso entre Washington y Santiago como nuevo agregado aéreo en ese país–, quien ordenó continuar el traslado con los dos aviones restantes y dejar en Colombia a los tripulantes del avión accidentado, lo que se cumplió a contar del día 26 siguiente. Si bien desconozco hasta qué día efectivo estuvo el A-24B a la espera de reparaciones en Turbo, el hecho de que a dieciséis días del accidente un oficial responsable (González) ordenara la permanencia en el lugar del piloto y el mecánico (más lo relativo a los daños y a la circunstancia de venir en el paquete transferido desde los EE.UU. tres o cuatro motores de repuesto), hace factible el hecho de que el avión fuera reparado e hiciera después el resto del viaje a Chile. ¿Qué quiero decir con este comentario?: muy simple; no tengo ningún documento que avale que el avión fue efectivamente recuperado en Colombia, y si leemos el párrafo siguiente, veremos que no es enteramente descabellado dar lugar a la posibilidad de que finalmente no lo fuera y, en cambio, quedara botado en Turbo o fuera canibalizado para repuestos (como ocurrió con otros del mismo tipo que tuvieron daños menores en accidentes similares acaecidos en Chile). Sí, es cierto que se sostiene que este avión accidentado llegó a ser el FACh 705 y que hay a lo menos una foto de un A-24B con ese código volando en Chile; pero eso tampoco significa nada definitivo, sobre todo porque la rematriculación de aviones en la FACh ya era un hecho en esos tiempos y porque –ya lo dije– dentro del lote de documentos de época que tengo (y que no son pocos) no hay ninguno solo que consigne la (que sería salvadora) ligazón de matrículas FACh con los originales s/n americanos. En este blog hemos hablado bastante del “rigor histórico” (a veces con cierta sorna), y me parece que procede la consecuencia, aunque sea concluyendo en base a los limitados medios de que actualmente dispongo en la materia, y a veces llegando a afirmaciones parciales que parecen apartarse de lo que podemos inferir a raíz de lo habitualmente aceptado o derivado de una simple observación visual. Mientras no caigamos en la franca fantasía, me parece que cualquier duda es válida.
El avión 705 (archivo, autor)
Un caso de rematriculación
Afirmando la “duda metódica” anterior, veamos un aspecto relacionado muy interesante y también inédito. Es un lugar común afirmar que la transferencia de los Banshee no estuvo acompañada de una suficiente cantidad de repuestos; las necesidades de la guerra, lo limitado de ciertas transferencias del Lend-Lease, etc., habrían influido en esta circunstancia. Basándonos en el hecho de que los aviones duraron en Chile escasos seis años (1944-50), y que al momento de cambiarlos de base a otro grupo aéreo situado en Punta Arenas (1948) sólo se fueran cuatro (o cinco) aviones y duraran tan solo dos años más, es factible suponer que el valer militar de ellos se perdió rápidamente.
Así quedó el avión 711 luego de su accidente de 30 de octubre de 1947 (archivo, autor)
Siguiendo esta línea de acelerado desgaste, lo cierto es que el avión 701, del que no tengo accidentes registrados, ya estaba retirado de las pistas al cumplir dos años de servicio, es decir a fines de 1946, y está consignado que la incapacidad de ponerlo de nuevo en vuelo se explicaba por –precisamente– la falta de repuestos. La salvación del 701, no obstante, vendría de parte de otro Banshee, y también dado de baja. Me refiero al avión número 711, el que resultó accidentado el 30 de octubre de 1947. En esta fecha, y mientras volvía de una práctica de tiro contra blancos terrestres, a las 11.20 hora local aterrizó en Colina sin bajar el tren, por olvido del piloto, el subteniente Darío Aguirre, quien salvó ileso. El 711 sufrió un 25% de daños, los habituales en estos casos (y que, repasando el acta de accidente, no difieren mucho de aquellos sufridos por el 42-54345 en Colombia, y a este aspecto me refería cuando puse en duda el hecho de haber sido o no este aparato reparado finalmente).
Otra vista del accidente de 30 de octubre de 1947 (archivo, autor)
Lo interesante es que las partes indemnes del aterrizaje forzoso del 711 fueron a dar a los talleres con la específica misión de rehabilitar al 701, siguiendo una orden de la Comandancia en Jefe (la número 192, de 28 de enero de 1948), en la cual se aprobó lo sugerido por la Dirección de los Servicios el 14 de enero anterior en el sentido de la conveniencia de “reparar y poner en servicio el Douglas A-24B número 701, conservando la numeración que distingue al avión número 711”. Si bien desconozco si lo ordenado por la CJ de la época se llevó o no a cabo, perfectamente podemos derivar que cualquier referencia a estar el 711 operativo desde 1948 en adelante nos debería llevar a pensar que ese aparato había sido antes el 701. Buscando algo al respecto de los aviones pasados a Punta Arenas en 1948 en el libro La Aviación en Magallanes (para determinar si el 711 fue o no uno de los cuatro transferidos), lamentablemente no hay nada, pero ciertamente es probable encontrar en la prensa magallánica de esos años alguna referencia de los aviones Douglas presentes en esa zona (y vuelvo sobre el punto un poco más adelante). Como sea, cualquier referencia de estar operativo el 711 a contar de 1948, en cualquier parte, daría pie para suponer con buena base que ese avión en realidad es (o era) el 701 rehabilitado y rematriculado.

Adicionalmente, digamos que el original 711, un avión terminado de fabricar el 30 de junio de 1943, ya había tenido un incidente antes de cumplir un año de su arribo a Chile. El hecho ocurrió el 1 de diciembre de 1944 mientras era tripulado por el comandante de escuadrilla Eduardo Muñoz Cortés-Monroy, a la sazón jefe del Grupo 4, y el cabo Óscar Rodríguez. El avión hacía un vuelo Concepción–El Bosque cuando, a poco de despegar, le falló el motor y debió aterrizar de emergencia, sin daños graves, exceptuando la falla de motor que originó la emergencia.

"...con el sudor de tu frente"
Ya vimos que la tarea de exploración de todo el territorio nacional fue una de las tareas en las cuales los A-24B se destacaron. Estos viajes habrían comenzado a fines de 1944, conociéndose varios cruceros del tipo en los años posteriores. Las publicaciones de la época, principalmente Chile Aéreo, contienen referencias interesantes a esos vuelos, por lo que me remito a ellas (ejemplares de dicha revista están disponibles en varias bibliotecas públicas).

La misma revista Fuerza Aérea número 146 dice, en su página 21, que “la primera demostración en tal sentido la dieron estos aviones a fines de 1944 al mando del comandante Mario Guevara, uniendo Punta Arenas y Arica en sólo un día”. “En 1945, cuatro aviones al mando del CJ de la época hicieron un vuelo Santiago-Punta Arenas-Santiago en viaje de reconocimiento y estudio”. A comienzos de 1946, continúa, “una bandada al mando del comandante Fernando Ortega hizo el vuelo (Santiago) Punta Arenas-Arica (Santiago) en un día, con resultados no muy satisfactorios”. La verdad es que la etapa final de este último viaje resultó penosa, como veremos ahora.

El diario La Prensa Austral, de Punta Arenas, informó en su edición del lunes 7 de enero de 1946 que ocho North American AT-6 (los aviones 267, 273, 260, 242, 263, 240, 238 y 236) y otros tantos Douglas A-24B (712, 711, 710, 709, 707, 706, 704 y 703), habían arribado la tarde del día anterior a Bahía Catalina en la ejecución del crucero mencionado (la prensa de Santiago habla de nueve A-24). Desde la austral ciudad los Banshee deberían devolverse hasta Arica, y de ahí finalizar en Santiago.

El tramo Punta Arenas–Arica se realizó efectivamente el día miércoles 9 siguiente, decolando los Douglas desde la pista aledaña al Estrecho de Magallanes a las 04.00 horas. El Mercurio del 10 de enero detalló generosamente lo más relevante del extenso vuelo: “…Con breves intervalos aterrizaron sin novedad en la Base Aérea de Colina, partiendo las dos primeras de inmediato rumbo al norte…”; “…La primera bandada, luego de aprovisionarse de combustible y de haber descansado la tripulación, partió a las 14.30 horas desde la base del Grupo 4 llevando como líder al jefe de la base, comandante Fernando Ortega…”; “…La segunda bandada despegó del mismo punto a las 16.15, partiendo rumbo al norte. La tercera pernoctará en la base y seguirá viaje a primera hora de hoy (9) hacia Antofagasta…”.
Capotaje del avión 706 en Arica el 9 de enero de 1946 (archivo, autor)
Reproduciendo lo despachado por el corresponsal en Arica el mismo día 9, el Decano continuó diciendo que “a las 21.30 horas de hoy aterrizaron en el puerto aéreo de esta ciudad tres aviones Douglas, y piloteados por el comandante Fernando Ortega, el Tte. Rojas y el Tte. Vottero, respectivamente…”; “Estas máquinas partieron hoy desde Punta Arenas a las 4 de la madrugada, haciendo escalas en Ñirihuao, Puerto Montt y Santiago. Tres quedaron en El Bosque, tres en Antofagasta y tres llegaron a ésta…”; “…Al aterrizar los aviones 706 y 703, piloteados por los tenientes Rojas y Vottero, respectivamente, sufrieron un accidente sin desgracias personales…”; “…Los aviones se encuentran seriamente averiados… El 706 quedó completamente invertido y el fuselaje, la cabina y hélices, destruidos…”; “…Posiblemente pasado mañana regrese el comandante Ortega”.

Lo cierto es que, obviamente, el vuelo no logró concretarse tal como estaba planeado, y las circunstancias de los accidentes en Arica requieren una repasada, por los interesantes aspectos relacionados.

La única bandada de las tres que logró llegar a Arica fue la del comandante Fernando Ortega, pues las otras dos quedaron en el camino, como mencionó la prensa ya referida. Esta agrupación estaba integrada por los aviones 712 (Ortega), 706 (teniente Jorge Rojas y sargento Manuel Álvarez), y 703 (subteniente Humberto Vottero y teniente de Sanidad Elzo Pertuisset). El orden aterrizaje fue 706-712-703.
El accidentado aterrizaje del avión 703 en Arica el 9 de enero de 1946 (archivo, autor)
La llegada a Arica del 706 se produjo a las 21.25 horas, obviamente ya de noche, y la investigación posterior estableció que el piloto no encendió sus luces de aterrizaje y que por un error de cálculo hizo contacto con la pista unos metros antes de empezar la demarcación luminosa de la cancha, chocando una rueda de su tren principal con unos rieles de un desvío del ferrocarril Arica–El Morro. El golpe fue tan violento que la rueda salió disparada, aterrizando en dos puntos muy bruscamente y capotando al completo. Los daños fueron mayores, siendo avaluados en un 60% del valor del avión. Poco después, la Dirección de los Servicios determinó el 15 de abril de 1946 que el avión debía ser dado de baja.

Por su parte, cinco minutos después aterrizó el avión 712, sin novedad. Le siguió el 703, el que tocó tierra sin haber el piloto desplegado el tren, por olvido; los daños fueron menores, y la Dirección de los Servicios determinó, también el 15 de abril, que el avión debía ser sometido a reparación.
Otra vista del avión 703 en Arica en accidente del 9 de enero de 1946 (archivo, autor)
Las conclusiones posteriores determinaron aspectos cruciales, sobre todo por lo tardío de la hora de arribo de los aviones a Arica, en plena oscuridad. El hecho es que la llegada al fin del tramo anterior (Antofagasta) se había producido sin que en dicho aeródromo se supiera de su arribo (¡!), hecho que determinó que la operación de carga de combustible demorara más de lo habitual. Otro serio problema de comunicaciones influyó en que, a pesar de que en Cerro Moreno la cosa ya se veía algo complicada con los aviones recargando combustible a última hora, la formación del jefe Ortega decidiera despegar en el cabal cumplimiento de la misión sin tener conocimiento de si ésta se había cancelado o no, pues ellos no tenían datos actualizados de la situación de las demás bandadas. La cosa se agravó cerca de Arica, pues en la aproximación antes de final fue imposible establecer comunicación radial con el aeródromo.

El comandante Ortega luego opinó acertadamente que los accidentes de su bandada se debieron al cansancio de las sobre exigidas tripulaciones, luego de 19 horas de vuelo, y que en sucesivas tareas tan extenuantes sería necesario hacer oportunos relevos de oficiales, establecer oficinas de operaciones en todos los aeródromos de la FACh, y mejorar los servicios de comunicaciones, estableciendo también postas de primeros auxilios en cada lugar. Y es que la realización de este raid puso en dolorosa evidencia las carencias contra las cuales los oficiales estaban precisamente luchando. Afortunadamente, las tripulaciones afectadas salieron de la aventura sólo con lesiones leves, aunque también quedaron al desnudo serias limitaciones operacionales.

Avances sobre los otros aviones
A pesar de lo que pueda parecer, el tema de los Banshee en la FACh no lo he investigado por completo ni mucho menos, pues sólo he ejecutado las fases previas de recolección de material en Santiago. Por lo mismo, no mucho más puedo decir respecto de la suerte de cada uno de los aviones nacionales, más allá de lo que ya he consignado y de lo que voy a mencionar ahora. Sin duda un trabajo más acabado podría venir en el futuro, de darse las condiciones necesarias.
El avión 708 accidentado el 5 de junio de 1944. Aparentemente el avión sufrió
daños menores, pero fue dado de baja debido a una avaluación del 70%
(archivo, autor)
Con todo, puedo decir que hay algunos hitos en las historias de algunos de ellos que son dignos de mencionar. Por ejemplo, entiendo que, exceptuando el accidente del avión en Colombia, el avión 708 habría sido el primero en ser dado de baja. Esto ocurrió debido a un grave accidente ocurrido el 5 de junio de 1944 mientras era tripulado por el teniente Cirilo Halley-Harris y el soldado Víctor Huerta, quienes salieron ilesos. Siendo de la 3era. Escuadrilla del Grupo 4, hacía un vuelo El Bosque–Quintero y al llegar a destino a las 11.30 horas, mientras iba a baja altura y con poco techo climático, hizo una mala tomada de cancha, perdió velocidad y cayó desde 4 metros, estrellando el ala izquierda y quedando totalmente atravesado en la pista. Los daños fueron de 70%, hecho que dio pie a que el 13 de noviembre del mismo año la Dirección de los Servicios ordenara la baja del avión y del motor.
Otra imagen del accidente del avión 708 (archivo, autor)
Por su parte, el avión 709 se accidentó el 26 de septiembre de 1944 mientras era tripulado por el comandante Eduardo Muñoz Cortés-Monroy, quien salió ileso. El aparato carreteaba en El Bosque para dirigirse al punto de despegue cuando chocó al North American AT-6 número 231 asignado a la misma unidad, el que estaba estacionado sin tripulantes. Resultó dañado el extremo derecho del borde de ataque del ala, y fue enviado a reparación.
Los daños del 709 en su choque en tierra con un Texan el 26 de septiembre de 1944(archivo, autor)

Punta Arenas (breve adelanto)
Finalmente, a falta de mayores pistas en nuestra literatura aeronáutica, agreguemos algo muy preliminar -aunque también muy concreto- relativo al paso de los aviones al Grupo 6 en Punta Arenas. Los antecedentes que manejo sin duda son valiosos, pues la vida de los A-24B en esa destinación no ha sido rastreada; aunque un mayor detalle lo entregaré en una sucesiva actualización de el Observador Aeronáutico, inclusive las correctas fechas de utilización de estos aeroplanos en esa zona.

Los aviones efectivamente fueron transferidos hacia la base de Bahía Catalina en 1948. La primera pista la da, como no, el diario La Prensa Austral del 14 de abril de ese año, edición que junto con informar de la visita del CJ de la FACh a ésa, adelantó que el lunes 12 anterior habían despegado desde El Bosque cuatro bombarderos A-24B, los que una vez arribados quedarían de dotación del Grupo 6. A la fecha de la publicación, los aviones esperaban mejor clima desde Puerto Montt al sur para seguir su viaje hasta Magallanes. Una vez arribados, tres de estos aparatos participaron en las ceremonia de conmemoración de las Glorias Navales chilenas, oportunidad en la cual -y junto a otros tantos Vultee BT-13 y NA-44- sobrevolaron la Plaza de Armas de la ciudad: los aviones que participaron en el tradicional desfile fueron los números 704, 707 y 710, siendo tripulados por los subtenientes Aguirre, Atala y Montalva, respectivamente. Asimismo, para la Parada Militar de septiembre de ese mismo año participaron los cuatro aviones, al mando del capitán Barría y de los subtenientes Atala, Galleguillos y Aguirre. Luego se sumaría un quinto avión a la bandada magallánica, aunque ya hablaremos de esto y otras cosas relativas al paso de los A-24B por Punta Arenas.

Una paloma blanca e invencible
Finalmente, un breve repaso a un curioso hecho que ya mencionó Cáceres en su artículo de Pista 18 en 1999, y que constituyó una de las acciones notorias del paso de los A-24B en la FACh. En dicha nota, el autor menciona que la acción se ejecutó sobre el ventisquero del Mercedario, y que correspondió liderarla al comandante Fernando Rojas. El hecho fue interesante, y desconozco si es que en alguna parte se guardan los testimonios fotográficos que se obtuvieron en la misión. Las circunstancias fueron relatadas brevemente por la prensa de la época, y en general se contradicen en algunos puntos con el relato del colega mencionado, aunque supongo que esa historia todavía está por contarse.
Conjunto del ventisquero La Paloma, de casi 4.900 metros de altura
(foto, www.nangaparbat2007.cl)
Como es habitual en épocas de verano, la sequía también azotó a la Región Metropolitana en 1947, lo que contrastaba con los aguaceros que simultáneamente caían en las cercanías de Puerto Montt. En ese año, como la situación no daba muestras de mejorar, se decidió intentar una maniobra inédita que consistió en tratar de apurar el deshielo de una zona cordillerana para facilitar los procesos de regadío que se vieron drásticamente disminuidos por la falta de agua en los principales cauces. Esta acción se tradujo en el envío de un elemento de bombarderos A-24B en contra de las concentraciones de hielo existentes en el cerro La Paloma, ubicado en las cercanías de la base de Colina (y no el Mercedario, unas 90 millas al norte del anterior, y en territorio argentino).
Una simple referencia de posiciones de los puntos geográficos
Santiago, Colina y ventisquero La Paloma
(archivo, autor)
Mediante una nota aparecida en El Mercurio del martes 7 de enero de ese año, se comunicó a los excursionistas y deportistas de montaña que los días miércoles y jueves siguientes la fuerza aérea arrojaría bombas de gran calibre en contra de un área del ventisquero ubicado en dicho macizo, para intentar provocar un desprendimiento que –se esperaba– ayudara en el tema del deshielo y el abastecimiento de los ríos cercanos. En la mañana del miércoles 8 dos aviones salidos desde Colina ejecutaron la tarea, en un trayecto ida y vuelta cercano a las 50 millas. Uno de ellos llevaba dos bombas de 100 libras –una con espoleta de retardo y una con espoleta instantánea–, y otra de 500 libras. El aparato fue escoltado por otro A-24B que llevaba a un tripulante que hacía las veces de navegador y fotógrafo. Luego del lanzamiento de las bombas menores no se observó ningún efecto, por lo que se procedió al lanzamiento de la de 500 libras con espoleta retardada en 1 segundo, la que causó una amplia grieta. El vuelo duró en total una hora y media. Este fue –se dijo entonces– el primer ensayo para producir deshielo artificial, y se esperaba que los resultados comenzaran a apreciarse en los ríos en el término de 24 a 36 horas. Sin embargo, la acción no logró el objetivo. Años después, la misma fuerza aérea se abocaría a otro plan destinado a influir sobre la naturaleza, con otros aviones y bajo otras circunstancias; este fue el plan META, o de Modificación Experimental del Tiempo Atmosférico, sobre el cual escribiré algunas líneas más adelante.
Formación del Grupo 4 (foto, archivo Rino Poletti)
Epílogo (por ahora)
Como se ha visto, la presencia de los A-24B en la FACh de los años ‘40 no fue muy extensa (sólo unos seis años en total) y los aviones –aunque pocos, y con bajas que se fueron sucediendo en forma relativamente acelerada– cumplieron su cometido de dar a nuestros oficiales no sólo entrenamiento en las tácticas de ataque en boga en esa época de guerra mundial, sino que ayudaron a profesionalizar a una institución que se encontraba en una etapa muy complicada, y recién acomodándose a la influencia estadounidense, luego de haber sido formada de acuerdo a estándares europeos durante el período entre 1913 y fines de los ‘30.

En el tiempo en que los Banshee sirvieron en la zona central, aún quedaban en vuelo algunos de los aviones de la malograda experiencia derivada de la operación de los aviones italianos y alemanes adquiridos por las gestiones de la Misión Aracena en Europa, y sin duda que su presencia contribuyó a modernizar a nuestra fuerza aérea y –mejor aún– a evidenciar la serie de carencias del ámbito aeronáutico de que adolecía nuestro país en esos años y de la cual las autoridades aéreas estaban plenamente conscientes, a juzgar por los escritos que de esos tiempos nos han llegado. Ojalá que estas notas, entonces, ayuden a comenzar a hacerle justicia a un magnífico bombardero que surcó nuestros cielos y cuyos últimos ejemplares –otros ya lo han dicho– terminaron sus días como material desguazable en la base aérea de El Bosque, y del cual ninguno se conservó para la posteridad.

23 marzo 2008

Aniversario FACh

Qué mejor aporte sobre la FACh en esta fecha que reproducir las palabras de su CJ. La entrevista es muy interesante y la publica El Mercurio de hoy domingo 23 de marzo.

CJ de la FACh y su esfuerzo por detener la emigración de oficiales:

"¡Si no nos quedan pilotos, se acaba la FACh!"
El general del aire Ricardo Ortega hace un dramático llamado para impedir la fuga de pilotos -incluso de F-16- hacia empresas de aviación privadas, especialmente LAN. "Desde 1980 hemos perdido una Fuerza Aérea completa", se lamenta, junto con advertir que en los últimos meses el despoblamiento de la institución se ha agravado.

por MAURICIO CARVALLO

Lo pidió el año pasado para el 77.o aniversario de la Fuerza Aérea. Y lo volverá a pedir -ante la Presidenta y altas autoridades de Gobierno y militares- en la ceremonia que se realizará el martes por primera vez en Antofagasta. Pedirá detener de una vez la renuncia de oficiales con alta formación y experiencia y que son reclutados por compañías de aviación privadas.

Esta se convirtió en la principal tarea del comandante en jefe, general del aire Ricardo Ortega Perrier (56, casado, cuatro hijos, piloto de guerra, profesor militar de estrategia y operaciones), porque el ritmo de las renuncias se ha acelerado.

-Es una realidad que he repetido en todos los estamentos que he podido, como el Ministerio de Defensa y las comisiones respectivas del Congreso -reconoce Ortega en su oficina en el edificio de las FF.AA.-. Es muy difícil competir porque nuestros sueldos tienen una gran diferencia con aquellos de las compañías privadas. Hay mermas importantes.

-¿Como cuáles?

-En 2007 perdí 17 pilotos. Solamente entre enero y febrero de este año, perdí 12 más... Y hay que pensar que egresan aproximadamente 22 pilotos al año. Cada piloto con experiencia me cuesta alrededor de cinco millones de dólares.

-¿Es cierto que los pilotos de F-16 ganan 800 mil pesos mensuales y que LAN les ofrece comenzar con un millón 800 mil, y pocos años después, doblar a tres millones 500 mil?

-Es verdad. Mi tarea es cómo convencer a ese oficial que gana 800 mil que es bueno quedarse en la FACh. Mirando el mercado, estoy tratando de que diga: 'gano menos, pero tengo salud, vestuario, una buena casa, transporte, recibiré una jubilación bastante razonable y sirvo al país'. Algo que los compense... Pero por supuesto facilitaría mucho que se redujera esa enorme diferencia.

-¿Por eso pidió en el 77° aniversario de la FACh que el Estado eleve los sueldos de oficiales especializados?

-Sí. Se lo pedí formalmente a todos. El Ministerio de Defensa trata de trabajar este tema con Hacienda... Por supuesto, esto requiere un tiempo, tiene que verse la factibilidad de los presupuestos, las leyes y todo. Pero espero que se decida pronto porque me complica mucho: debo cautelar el patrimonio del Estado y la defensa de los cielos de Chile. El Estado pierde más cuando se nos va un piloto que subiendo un porcentaje de un sueldo que nunca será como el de los de afuera. Pero eso nos permitiría competir mejor.

-Mientras, las compañías están encantadas con las fianzas (contratos por los cursos especiales de los pilotos): pagan desde un millón 300 mil a cinco millones de pesos, porque es muy poco en relación a lo que les cuesta un piloto civil.

-¿Y todo esto lo sabe la Presidenta?

-Claro, conoce muy bien el tema desde que fue ministra de Defensa.

-Pero hasta ahora no obtiene nada...

-No, no lo he obtenido. He sido escuchado, entienden el problema... pero cada día que pasa pierdo más oficiales. Es un tema estratégico. Yo, por otro lado, tengo restricciones para impedir que se vayan, porque hay un tema constitucional de libertad de trabajo. También hay otras restricciones constitucionales: el beneficio no podría ser para algunos, sino para todas las ramas de las FF.AA.

-¿Las otras dos ramas dicen que también hay que mejorarlas?

-Es una pregunta muy legítima. No quiero ser peyorativo, pero hay que ver si de las otras ramas el mercado siente necesidad de sus oficiales. Hay que mirarlo con un criterio especial.

Las grúas de LAN:

-¿En el nuevo discurso de aniversario nuevamente dirá algo al respecto?

-Claro que sí. Tengo que darle cuenta al país y contarle lo que nos pasa. La FACh es la defensa aérea, y los aviones los vuelan los pilotos. Se me pueden ir de otras especialidades, que lo siento mucho, pero las puedo subcontratar, buscarlas en el mercado. Pero a los pilotos, no. Ellos son la materia prima, la espina dorsal de la Fuerza Aérea. Si no hay pilotos, los aviones permanecen en tierra. Así de simple: ¡Si no nos quedan pilotos, se acaba la Fuerza Aérea!

-¿Cuántos pilotos quedan?

-Sin darle datos precisos al adversario: somos alrededor de 400 pilotos. Desde el año 80 hasta ahora, ¡hemos perdido una Fuerza Aérea!

-¿Es LAN la que se lleva los pilotos?

-LAN es un importante operador en Chile. Pero también están Sky, Aerolíneas del Sur, y, además, tengo pilotos en Vietnam, Emiratos Árabes, Hong Kong, Japón. Hay que buscar la manera de disminuir la razón de estos egresos.

-Pero se producen desde hace años...

-Sí, pero en menor grado, porque la aviación no había crecido tanto. Acuérdese de cuántas líneas aéreas había y cómo era LAN hace 15 años. Pero hoy LAN ha crecido exponencialmente -lo que nos da mucho gusto, porque fortalece la capacidad de transporte estratégico del país- y debe estar en el mercado, comprar más aviones. Además, tiene accionistas a quienes responder. Me preocupan los planes de expansión de LAN. Y la que paga las consecuencias es la FACh.

-¿Pero esto cómo se manejaba antes?

-Por ejemplo, la FACh tenía un presupuesto especial de apoyo a los clubes aéreos, que producían muchos pilotos, y los nuestros estaban más disponibles. Manteníamos una cantidad suficiente para entregar al mercado y no nos incomodó, hasta ahora... Hoy, cuando se me va un piloto con experiencia, no resuelvo el problema metiendo más cadetes en la Escuela de Aviación y volando un poco más. Eso no sólo significa más plata, combustible, tiempo: un piloto operacional se ve a los 10 ó 12 años de carrera, cuando ha pasado por todos los aviones y sabe trabajar en bandadas de combate y operar bien los sistemas.
-¿Incluso se van pilotos de F-16?

-Este año se fue uno. Era un piloto de pruebas que nos costó carísimo. Pero tenía que ver con muchos problemas familiares. Puede ser un precedente. Por el momento, a los pilotos de F-16 los tengo muy aleccionados; son cabros jóvenes (24 a 32 años) que todavía están entusiasmados, pero tendrán presiones de sus familias y del sistema... Y miran alrededor. Si se empezaran a ir, sería muy grave.

-De aquí a 2011, se prevé que LAN necesitará anualmente cien pilotos...

-Eso es lo que me preocupa. Hay que preguntarle a LAN cuántos de sus pilotos son de la FACh...

-¿Ha hablado con Sebastián Piñera, uno de los mayores accionistas de LAN?

-Sí, nos hemos contactado en más de una oportunidad con la gente de LAN, y otros comandantes en jefe también. Reconozco que LAN y otras empresas han hecho esfuerzos para buscar pilotos de otras partes. Porque si hubiese sacado exclusivamente pilotos de Chile, no tendríamos Fuerza Aérea... Tengo la sensación de que ha recibido postulaciones de pilotos de F-16 y ha sido responsable para no sacármelos.

-Si Piñera fuera Presidente, debería hacer frente a un problema de relevancia para la seguridad nacional creado por LAN.

-Mire, una cosa es ser candidato y otra asumir como Presidente. Tengo que creer, y creo firmemente, que independiente del Presidente que salga, va a privilegiar los intereses del país.

-¿Un llamado especial a Piñera?

-No es de mi ámbito de competencia. Ellos son suficientemente inteligentes.

El poder disuasivo de los F-16:

"Podremos provocar un gran daño a quien intente violar nuestras fronteras"

-¿Satisfecho con los F-16? Compárelos con los que poseía la FACh.

-Estoy muy satisfecho, porque nos permite interoperabilidad con las fuerzas aéreas del primer mundo. Los aviones que teníamos eran muy buenos, pero el Mirage se dejó de producir hace tiempo, y sus repuestos (que había que buscar en lugares de desguace) se encarecían mucho. Además eran motores menos eficientes. El F-16 es de cuarta generación y nunca ha perdido un combate aéreo. En sí es disuasivo.

-Países vecinos han denunciado una carrera armamentista y el rompimiento del equilibrio regional por su poderío.

-El F-16 es como cualquier arma. Si se usa para atacar o defenderse, es un problema de decisión. Nos ofrece una tranquilidad importante. Por su presencia y capacidad podremos provocar un gran daño a quien intente violar nuestras fronteras o tener una actitud agresiva. Que lo piensen dos veces. No queremos pelear con nadie, pero sí tener buenas cosas para defendernos. El F-16 cumple todos los roles.

-¿Se puede decir que Chile tiene la superioridad aérea en la región?

-Yo no lo diría, sino que logramos un buen equilibrio. Hay otros países que tienen muy buenos aviones, pero nosotros fuimos los últimos que compramos, y entonces tenemos la exclusividad por un cierto período. Otros países, como Argentina y Brasil, están en un programa de incorporar otro avión de combate, y hay muchas opciones, incluso rusas.

-¿Todo será F-16 en la FACh?

-Tener puros F-16 es una ventaja, en alguna medida. Nos abarata costos desde el punto de vista de estandarización, del entrenamiento. Pero también hay que ser cuidadosos, porque es complicado poner todos los huevos en una sola canasta. Por ahora el F-16 es nuestra columna vertebral, y quizás a futuro adquiramos otras unidades u otros tipos de aviones. Chile es tremendamente largo y requiere para su defensa una buena cantidad de aviones.

-¿Es que acaso los 28 cazabombarderos F-16 son insuficientes?

-Nos gustaría tener unos doce F-16 más, para tener una aviación de primera línea, pero los A-37 no los hemos retirado completamente, y siguen operando en Punta Arenas. Tenemos para un buen tiempo más con ellos.

-¿Entonces, en qué consistirá la fuerza aérea chilena?

-Nos gustaría tener un tercer grupo de F-16 y un grupo de aviones de segunda línea. Ahora tenemos F-16, F-5 y los A-37, que ya tienen una buen cantidad de años. Estamos buscando aviones de entrenamiento del F-16 (probablemente a turbohélice) que nos permitan bajar los costos, con todos los sistemas de armamento del F-16. Muy luego tendremos una resolución sobre esto. Así, no gastaremos al F-16 en un entrenamiento muy costoso.

28 febrero 2008

Poniendo las cosas en su debido lugar...

Pruebas documentales... (o la historia, pero en serio)

Tte. 2º FACh Werner Martínez Giesen
Sin duda que los lectores de El Observador Aeronáutico sabrán apreciar tanto como lo hice yo mismo los siguientes documentos. La serie de imágenes que se publica a continuación pertenece a la familia del teniente 2º de la FACh don Werner Martínez Giesen, fotos que me fueron facilitadas con gran gentileza y prontitud por la hija de dicho oficial, la señora Ana María Martínez Jacomet.

Esta es una de las tapas del motor del Vultee
La familia del oficial Martínez ha confiado dichas fotografías a este blog para su adecuada difusión y para contribuir a poner las cosas en la debida perspectiva histórica en relación con el avión Vultee BT-13A aparecido en Costa Rica. Sin duda que este valiosísimo material ratifica las versiones que hemos consignado en anteriores reportes, y en particular los relatos hechos llegar a El Observador Aeronáutico por el colega y amigo Carlos Mazzali, de Costa Rica, y debería ayudar a un pronunciamiento oficial de las instituciones pertinentes. Vamos viendo.

La imagen de arriba corresponde muestra un documento oficial de la Embajada de Chile en Costa Rica, hoja en la cual se ha anexado el original de la placa de fábrica del avión. Nótese debidamente el corcheteado de la placa al documento y la sombra proyectada en el papel. Ergo, este verdadero certificado de nacimiento del aeroplano no está en los restos encontrados actualmente, y es una pieza clave para reafirmar la identidad del aparato y la coincidencia de fechas y de lugar. Aparece claramente que la embajada chilena fechó dicho folio el 14 de agosto de 1963. En la placa consta que el avión es el Vultee BT-13A, número de construcción 9998, número de serie 42-42886, entregado al USAAC en calidad de nuevo el 5 de abril de 1943.

Detalle de la placa de fábrica del avión, obtenida in situ y perdida seguramente entre los documentos diplomáticos chilenos de la época

Más decidor es el documento original que se muestra arriba. Es parte de la primera página de una serie de papeles en poder de este blog en la cual se da cuenta de las tramitaciones diplomáticas habidas en 1963 a propósito del descubrimiento de los descendientes del teniente Martínez. Esta acta de las actividades realizadas en el terreno del accidente fue extendida por el Departamento Político de la Dirección Política de la Embajada chilena en Costa Rica en agosto de 1963. Los representantes diplomáticos nacionales en dicho país arribaron por tierra al lugar de los hechos el domingo 11 de agosto de 1963 por la mañana, constatando y levantando testimonio acerca del lugar exacto de la caída del Vultee, del estado de los restos, las horas que marcaban los relojes del aparato, el estado y contenido de los estanques de líquidos, estado y niveles de presión de los neumáticos, etc. La cabina estaba cerrada, hecho que hizo presumir que los cadáveres estaban adentro aún, pero el cockpit estaba, finalmente, vacío. El documento termina con un detalle circunstanciado de la geografía del lugar, y nombra a los policías locales que acompañaron la diligencia. Suscribe don Pedro Montero Fehrman, embajador de Chile en ese año.

Revisar notas anteriores sobre este tema aquí y aquí

Novedades acerca del Vultee BT-13A

Pierde fuerza la idea del "hallazgo"

A pesar de que, a esta fecha, no ha habido aún una confirmación oficial por parte de la FACh respecto del asunto del Vultee BT-13A extraviado en 1943 en Costa Rica, ya están bastante acotadas algunas cuestiones relacionadas con el mismo tema.

En efecto, el colega y amigo centroamericano Carlos Mazzali aporta, nuevamente, una serie de decidores datos que confirman una serie de apreciaciones vertidas por mí estos últimos días acá en Santiago a diversos medios de prensa, y sobre las cuales es posible ir armando el rompecabezas:

Según me cuenta Carlos, en dicho país la Viceministra de Transporte declaró que "no existen expedientes de ese accidente en aviación civil¨. Este es un punto que ya habíamos visto antes en otros accidentes de aviones chilenos, particularmente en el caso del TB-25J civil nacional matrícula CC-CAK que se extravió/estrelló en diciembre de 1963 en Paraguay, donde, por declaraciones de Aniano Ramón Orué, jefe de Aeronáutica Civil de esa época en Asunción, nada fue investigado, a pesar de que está documentado que el aparato cayó en ese país, un punto que dejé en claro en la última edición (Nº 20) de la excelente revista argentina especializada LIMA VICTOR, NOTICIAS E HISTORIAS DE LA AVIACIÓN ARGENTINA, a propósito de un interesante artículo acerca de los B-25 que volaron también en ese país y donde se menciona el caso del bimotor chileno. Mazzali continúa diciendo que hacia 1988, en una "operación de limpieza" de papeles que hubo en la DA costarricense, muchos antecedentes escritos desaparecieron, hecho que le consta personalmente. Menos mal que nuestra DGAC ha preservado convenientemente las investigaciones sumarias de accidentes ocurridos desde 1949 en adelante.

El tema de haber sido conocida desde hace muchos años la historia del Vultee ya está bastante claro también: el punto ha sido reporteado por Mazzali in situ, y justamente eso me confirma Ana María Martínez Jacomet, hija del piloto teniente 2º Werner Martínez Giesen, quien me cuenta que la historia de la aparición e identificación de esos restos es larga y con muchos detalles. En tal sentido, ella remonta el descubrimiento de esos restos por parte de su familia por lo menos hacia 1963, donde los diarios de la época habrían recogido los datos. Esta publicación de la prensa hizo que su hijo, nieto del piloto, viajara a Costa Rica en dos ocasiones, viéndose sus esfuerzos coronados por el éxito en el segundo viaje, aunque en la empresa no contó con ningún apoyo oficial chileno. Continúa diciendo que hace un par de años, el mismo nieto de Martínez (de nombre Diego, y aún conmovido con la historia del accidente que había afectado a su abuelo), consiguió la ayuda de un baqueano costarricense, con la ayuda del cual logró llegar hasta los restos del avión, desde los cuales extrajeron algunas pruebas e hicieron las debidas fotografías. Según el relato, el fuselaje del BT-13A estaba "intacto".

En fin: las circunstancias por las cuales recién ahora el tema del BT-13A adquiere fuerza en Costa Rica (y por rebote en Chile) parecen ser cada vez más casuales, y muy lejos de ser un "actual hallazgo".

Adicionalmente, El Mercurio de hoy recoge algunas de mis impresiones personales acerca del tema, dadas dentro del contexto de una extensa entrevista. Una de las cosas que el periódico no alcanzó a publicar fue una explicación de por qué Ecuador ha saltado al baile en algunas de las versiones que han aparecido profusamente en la prensa de estos días. Como si dicho país no estuviera geográficamente lejos de Costa Rica, y eso no bastara para separar las versiones que han corrido o por lo menos mirarlas con un ojo crítico, el asunto es que también en 1943, un mes antes de la caída del Vultee, el día 14 de junio desapareció en la selva Esmeralda ecuatoriana el North American AT-6 Texan FACh 242 (s/n 42-43918) tripulado por el teniente 1º Salvador Opazo Abarca y el suboficial Eduardo Viera A., ambos fallecidos en el hecho. El aparato hacía vuelo de entrega de Texas dentro de una bandada de 5 aviones similares, cuando, durante el tramo Tumaco-Guayaquil, cayó en la tupida selva. El entrenador avanzado, en este caso, fue encontrado prontamente.

Ver actualización de esta nota aquí

26 febrero 2008

Noticias desde Costa Rica

Interesantes restos de avión chileno
en Centroamérica


Radio Cooperativa ha informado hoy (26 de febrero) que desde Costa Rica llegan noticias del encuentro de los restos de un avión militar chileno que se estrelló hace décadas. Los detalles pueden verse en el sitio web de la emisora nacional, enlazado más atrás, aunque indudablemente algo podemos aportar desde El Observador Aeronáutico, a lo menos en el momento inicial del flujo de las informaciones; como se dice en la jerga: "... es una noticia en desarrollo...".

El aparato siniestrado corresponde realmente a un Vultee BT-13A adquirido en la primera mitad de los '40 por la FACh a consecuencia de las gestiones iniciadas en Chile por la Misión Aérea Norteamericana del mayor estadounidense Omer Niergarth. En particular, este Vultee BT-13A, del que todos sabemos es un entrenador básico biplaza y monomotor, es el identificado por su serial number 42-42886.

El aparato hacía junto a otros dos aeroplanos similares (bandada de los oficiales pilotos Solminihac, Martínez y Castro; aviones 42-42885, 42-42886 y 42-42887) el raid de entrega a Chile desde San Antonio, Texas, y se estrelló -se creía hasta hoy, por lo menos- en la cordillera de Talamanca, Costa Rica. El crucero se realizaba entre los meses de julio y septiembre de 1943 y el día del accidente -según datos de la investigación sumaria oficial incoada en esa época- fue el 26 de julio de ese año. De los dos tripulantes nunca más se supo, siendo estos el teniente 2º Werner Martínez Giesen, y el sargento 1º Tomás Ayala Beca. Las causas del hecho nunca pudieron establecerse. Como sea, el avión mencionado fue dado de baja por resolución OCJ85 de 8 de septiembre de 1944.
(Foto de los restos del Vultee BT-13A de la FACh, tomada de Costa Rica e-news “alDía”, en http://www.aldia.co.cr/hoy). Comentarios acerca de la imagen hacen ver que el marco del fuselaje se encuentra tan desnudo precisamente porque el aparato ya había sido desmantelado con anterioridad a la ocurrencia e los hechos mencionados por la prensa centroamericana. Confirmando reportes externos, la aparición de estos restos no corresponden a un "hallazgo" propiamente tal, puesto que la historia del accidente como especies relacionadas con el mismo ya estaban circulando en la localidad con anticipación.


Ver actualizaciones de esta nota aquí y aquí

Datos de último minuto, 26 de febrero
Carlos Mazzali, investigador costarricense instalado en el lugar de los hechos, me hace llegar el siguiente mensaje a poco de filtrarse la noticia en su país. Transcribo la parte pertinente, pues la he estimado de interés de todos nosotros, pues aporta algunos giros que hay que tener en consideración.

"... Hay algo que creo que puede ser de tu interés, y que curiosamente ocurrió el día de hoy. En las noticias de la tarde, como titular, hablan del hallazgo de un avión chileno, accidentado hace 60 años en el Cerro de la Muerte. Las tomas de TV efectivamente muestran los restos de un avión con el escudo de la FACh -según dicen es un AT-6-, y al lugar llegó inclusive el embajador de Chile. La información narra que se trata de un avión de entrenamiento que el 27 de abril de 1943 se habría estrellado en ruta hacia USA y que no hay restos de los tripulantes, quienes eran de apellidos Martínez y Ayala... También mencionan el número 27...

Intenté hablar con el periodista que tiene a su cargo la noticia y le dejé el mensaje, porque yo conozco algo de ese caso. El avión fue encontrado a los pocos días del accidente (1943), pero los tripulantes, los cuales sobrevivieron, caminaron por la selva y no fueron hallados nunca. Ahora bien, otro detalle que creo que la prensa local yerra es que el avión no es un AT-6 sino un Vultee BT-13, eso por cuanto en una carátula de instrumento está la marca del avión.

Mañana trataré de hablar con el embajador de tu país para decirle que ese "hallazgo " ya había sido encontrado. También llamé a un viejo amigo, ex piloto de LACSA, e igualmente me contó la historia tal como yo te la relato; inclusive me dijo que en el sitio encontraron los paracaídas y otros documentos-el tripulante de apellido Ayala era el mecánico. Te informaré de las evoluciones de la prensa".

21 febrero 2008

North American NA-44 en la FACh

Orígenes de la serie Texan en Chile
Aviones NA-44 números 204 y 206 en vuelo
Gran tema el de los aviones de la casa North American Aviation que pasaron por manos de la FACh a contar del primer semestre de 1941. Uno que difícilmente se termine de escribir, debido principalmente a que, habiendo superado en número a la centena, existió una amplia serie de rematriculaciones en las que los números de orden de los aparatos destruidos o inservibles se reutilizaron para identificar a las nuevas aeronaves que sucesivamente arribaron (por diversas circunstancias, la serie de matriculación corrió desde el 200 al 299). Esto hace muy trabajoso (e improbable en algunos casos) hacer los acostumbrados amarres entre un original número de serie (s/n) o número de construcción (c/n) con el o los registros usados en Chile, o determinar con plena exactitud el número final total de estos aviones adquiridos de una u otra fuente por la FACh.
Aunque de mala calidad, la imagen muestra a los NA-44 2 y 8
Sin embargo, hoy existen disponibles numerosos documentos oficiales gracias a los cuales se puede obtener información muy valiosa (aunque en muchos casos no enteramente definitiva), hecho que nos permite ir armando el rompecabezas de a poco, con la esperanza de completarlo algún día. Sin embargo, aún faltan muchos documentos concluyentes para establecer de primera mano la real historia de cada uno de los aviones de esa época, por lo que hablar generalidades a veces resulta francamente inevitable (aunque igualmente frustrante).

Pero menos quejas y más sustancia, que algo se puede hacer y avanzar respecto de lo poco que hay escrito en Chile. Esta vez me dedicaré a dar cuenta de algo que tengo prometido desde hace tiempo, y sobre lo cual más de algún reclamo me ha llegado por el contumaz incumplimiento: algunos hitos en la historia de los primeros 12 aviones North American empleados por la FACh.
Breve introducción
Fruto de las conclusiones del viaje a Europa que hiciera en 1937 la llamada Misión Aracena, a contar de ese año nuestra fuerza aérea decidió dotarse de una amplia serie de aviones alemanes e italianos Junkers, Arado, Focke-Wulf, Breda y Nardi. Como es sabido, la historia de la operación de este material no fue para nada feliz, y hay cierto consenso en aceptar que en la gran cantidad de accidentes sufridos por estos medios en Chile influyeron, entre otras causas, la escasa preparación de los pilotos locales y una serie de cuestiones técnicas relacionadas con el mantenimiento de los nuevos aeroplanos, agravado esto por la imposibilidad de recibir repuestos desde los países proveedores, los que ya se encontraban abocados a incendiar Europa más que a otra cosa.
Aviones NA-44 números 207 y 208
Si bien muchas cosas pueden escribirse respecto del paso de esos aviones por nuestro país (algunas de ellas todavía inéditas), lo cierto es que antes de terminar la Segunda Guerra Mundial dichos medios aéreos ya estaban dados de baja o en proceso de ser retirados del servicio.

La decisión de la comisión Aracena en 1937 de preferirlos no había sido ni unánime al interior de la FACh, ni menos demasiado popular. Existe algún documento, incluso, en que a última hora el mismo Aracena habría intentado parar el embarque de los aviones hacia nuestro país, porque acá el horno francamente no estaba para bollos, ya incluso en 1937-38. Esta sensación-constatación de la peligrosa realidad política internacional fue debidamente apreciada tanto por el gobierno de Pedro Aguirre Cerda (1938-41) como por el mando del general Armando Castro López, comandante en jefe de la FACh entre 1939-43.

El tema es que, incluso a contar desde muy temprano en 1939, las nuevas autoridades adoptaron una serie de decisiones de la más alta importancia estratégica militar. En lo aeronáutico, lo referido se tradujo en un proyecto que consideraba, en pleno proceso de incorporación y asimilación del material europeo, mirar –desde ahí en adelante– hacia lo que Washington pudiera ofrecer para reactivar a nuestra alicaída fuerza aérea. En general, dicho plan maestro concordado entre el gobierno y el alto mando de la FACh trajo los siguientes hitos:

1) En enero del año ’39, una serie de oficiales de la FACh viajaron a los EE.UU. para tomar una serie de cursos impartidos por el USAAC;

2) Se decidió iniciar las tratativas para concretar la contratación de una misión aérea estadounidense a instalarse en Chile para proponer todos los cambios necesarios para profesionalizar de una vez y por todas a nuestra fuerza aérea;

3) Se decidió que había que pensar en dejar de lado el material europeo e instar por la alineación no sólo con los medios aéreos norteamericanos sino que, más allá, con su manera de hacer las cosas.
El NA-44 número 212 sobre el muelle Arturo Prat, de Punta Arenas
Finalmente, en abril de 1940 se firmó en los EE.UU. el contrato para que llegara a Santiago una misión aérea estadounidense (MANA) para hacerse cargo del nuevo proceso de desarrollo a que se vería sometida la fuerza aérea. Interesantes transcripciones de documentos de la época, así como un recuento de los principales aspectos de la llegada de la MANA, pueden verse en el segundo volumen del “Historia de la Fuerza Aérea de Chile”, editado en 2001 por la Comandancia en Jefe.
La llegada de los primeros aviones
Los primeros análisis de la MANA significaron instar por dos cuestiones capitales para el futuro inmediato de la FACh: la readecuación de los planes de estudio, entrenamiento e infraestructura operativa, y la instalación en las líneas de vuelo de material aéreo de esa procedencia. Poco después, a mediados de 1940, la FACh formalizaba una orden en la casa North American Aviation para la compra de 12 unidades del aeroplano conocido como NA-44, los que llegaron a manos del Grupo 4 en El Bosque a contar del primer semestre de 1941 (mayo-junio, según Hagedorn; febrero según otras fuentes / para la real fecha de arribo de los aviones a Chile, revisar esta actualización). Dentro de las asignaciones iniciales de estos aviones estaba la de reentrenar a oficiales más antiguos de la FACh, para lo cual se contó con la colaboración de la Escuela de Aviación.

El libro editado por la institución es contradictorio: por un lado (p. 899), dice que los aviones fueron comprados “el 11 de junio de 1940”, y da una serie de antecedentes adicionales que hacen pensar que para hacer esa afirmación se tuvo a la vista una serie de documentos de la época. Más adelante (p. 914) sostiene que los aviones se habían adquirido “por contrato de 7 de agosto de 1940”, haciéndose eco -creo- de algo que otros autores ya han consignado habitualmente y sin dar mayor razón o fuente de sus dichos, entre ellos el mismo Hagedorn. Lo cierto es que el propio libro de la CJ transcribe (p. 899) un informe de la MANA fechado el 5 de agosto de 1940 en el que el mayor americano a cargo de ella se refiere a “los aviones North American recientemente adquiridos por el gobierno de Chile”, por lo que la versión de haber sido comprados realmente en junio de 1940 podría no ser errónea.
Una bella imagen del NA-44 número 209
Como ya es habitual en este blog, no voy a consignar información relacionada con la historia del T-6 y sus antecesores, la que cualquiera de Uds. puede rastrear por cuenta propia en varios lados ampliamente disponibles. Lo que sí hay que decir es que, según lo consigna Hagedorn en su libro “North American NA-16/AT-6/SNJ”, los NA-44 eran aviones ofrecidos por la fábrica como “bombarderos livianos de ataque/bombarderos en picada”, y en tal sentido tenían las debidas provisiones para recibir armamento, del cual las imágenes disponibles en nuestro país respecto de “nuestros NA-44” alcanzan a dar cuenta, tanto en lo relativo a artillería alar como a la capacidad de portar bombas. Cabe decir que los aparatos llegados a Chile fueron adquiridos directamente a la fábrica, y no tuvieron pasado militar en manos de los EE.UU.
Entrenador Vultee BT-13 número 189 escoltado por los NA-44 números 207 y 208
El primer servicio con la fuerza aérea los vio lucir los números de orden 1 a 12, dígitos asignados a los aviones de entrenamiento primario en esa época, y que se mantuvieron hasta entrado 1942, cuando merced a las gestiones basadas en la aplicación de la llamada Ley de Préstamos y Arriendos de 1941, la FACh recibió un primer lote de aviones AT-6B, lo que significó un reordenamiento de las matrículas en torno a la serie numérica 201 en adelante, correspondiéndole a los NA-44 recibir la identificación 201 a 212 (exceptuando el número 203, que se descartó por no existir ya el NA-44 Nº 3), y a los AT-6B la serie desde el 213.
El AT-6B número 224 en formación con el NA-44 número 201
El entrenamiento de los oficiales chilenos para poder volar los NA-44 de seguro se llevó a cabo en un aparato similar usado por los miembros de la MANA, esta vez un muy bien dotado y artillado North American BC-2, el que estuvo en nuestro país desde mayo de 1940 hasta temprano en 1945. Seguramente, la eficiencia operativa de nuestros pilotos también se mantuvo gracias a los vuelos en los sobrevivientes del material alemán Focke-Wulf FW-44 Stieglitz adquirido en la preguerra. Obviamente, los NA-44 fueron intensivamente usados en capacitar o mantener la eficiencia de los pilotos locales, un hecho que en otros escritos suele aparecer como extraordinario, y sirvieron ese rol hasta antes de arribados en 1943 los entrenadores básicos Vultee BT-13 recomendados de adquirir por la propia MANA hacia octubre de 1940.
NA-44 número 202 (foto, vía J.C. Velasco)
Los Doce de la Fama, historial
Veamos entonces lo más sustancioso de este escrito, informaciones que creo serán muy bien apreciadas por los incondicionales lectores de El Observador Aeronáutico, atendida la simple circunstancia de que el issue del detalle de los NA-44 es un tema sobre el cual nada hay escrito, principalmente en el extranjero (en el que algunos aspectos todavía siguen siendo siendo muy apetecidos de conocer).

Avión NA-44 número 201 (foto, libro Dan Hagedorn citado en el texto)
(Adicionalmente, el libro editado por la CJ de la FACh (p. 957, vol. II) transcribe un estado de situación de la flota de NA-44, en el cual puede apreciarse la siguiente distribución a octubre de 1942: aviones 201, 204, 205 y 206: en el Grupo Nº 4. Aviones 202, 207, 208, 209, 210, 211 y 212: en la Escuela de Aviación).
NA-44, 1/201 (c/n 74-4745)
Luego de ser rematriculado 201, este avión resultó accidentado el 6 de octubre de 1943 mientras era tripulado por el capitán Juan Belenguer Martínez, quien resultó ileso. Del Grupo 4 en comisión al Grupo 6, tomaba cancha en la pista de La Pirámide, Bahía Catalina, Punta Arenas, cuando entró en carrusel rompiendo ala y tren izquierdos. Los daños fueron avaluados en un 5% del valor de la aeronave. Las fotos que yo tengo disponibles lo muestran con antena VHF y mira de ataque en el capot, sin artillería, y con radio compás bajo nariz. Fue dado de baja el 9 de septiembre de 1948 por falta de repuestos, siendo entonces desmantelado.
Imagen del accidente de fecha 6 de octubre de 1943 (foto, col. MNAE)
NA-44, 2/202 (c/n 74-4746)
El 14 de enero de 1944, ya como 202, resultó accidentado mientras era tripulado por el Tte.2º Alberto Parodi Bustos, quien salió ileso; el avión estaba asignado al Grupo 6, regresaba a Bahía Catalina y aterrizó a las 15.15 horas en la pista de La Pirámide sin todo flaps, muy rápido, pasado de pista, y con actitud errática pues puso motor, se desvió y capotó. Tuvo daños cuantificados en un 60% en hélice, tren, cabina, timón, alas.
Imagen del accidente de 14 de enero de 1944 (col. MNAE)
NA-44, 3 (c/n 74-4747)
Este aparato fue el primero de los doce en accidentarse, tanto que no alcanzó a ser rematriculado con las tres cifras; el hecho ocurrió el 21 de agosto de 1941 mientras era tripulado por el Tte.2º Eduardo Apablaza F. y el CDB Julio Parra C., quienes resultaron fallecidos. Era de la 2da. Escuadrilla del Grupo 4, y llevaba abastecimientos a las personas aisladas en el sector cordillerano de Caracoles debido al mal clima, cuando a las 12.10 h se estrella cerca de la estatua del Cristo Redentor, en el lado argentino, enterrándose de punta en la nieve, y siendo imposible el rescate y la determinación de las causas del accidente.
El NA-44 número 3 en el accidente fatal de 21 de agosto de 1941
NA-44, 4/204 (c/n 74-4748)
Resultó accidentado como 204 el 3 de enero de 1945 mientras era tripulado por el Tte.1º Newton Ravest Pizarro y el Sgto.2º Mecánico Luis Olave, quienes salvaron ilesos. Siendo del Grupo 6, hacía un vuelo Punta Arenas – Puerto Natales – Cerro Castillo para elegir una cancha de emergencia en este último sector. Aterrizando en Cerro Castillo a las 10.45 horas, entró en carrusel a la derecha, cayendo en un hoyo, rompiendo el tren y azotando el ala izquierda. Siendo los daños de un 6% (ala izquierda y tren roto), se ordenó su reparación.
El avión 204, accidente de 3 de enero de 1945 (foto, col. MNAE)
El 30 de diciembre de 1952, mientras era tripulado por el Tte.2º Luciano Julio Cáriz y era operado por el Grupo 10, despegó desde El Bosque a las 09.40 horas, fallando el motor a los pocos momentos y aterrizando de emergencia. Tuvo un 12% de daños en la hélice y otros daños menores. Se ordena la reparación.
30 de diciembre de 1952, accidente del 204 (foto, col. MNAE)
NA-44, 5/205 (c/n 74-4749)
Accidentado el 6 de enero de 1947 mientras era tripulado por el alférez Roberto Torres López, quien salvó ileso. Siendo del Grupo de Transporte Nº 1, aterriza en Los Cerrillos tripulado por el CDE Fernando Ortega Yáñez y como pasajero el Presidente de la República don Gabriel González Videla. Luego de descender, el comandante Ortega se dirigió a la torre de control para solicitarle a algún alférez que llevara el avión desde la losa hasta las instalaciones del Grupo. Torres se ofreció como voluntario y, en vez de llevarlo rodando, se entusiasma, despega, da la vuelta, y al aterrizar el viento de costado lo hace capotar. Tuvo un 30% de daños, alas, anillo NACA, hélice y tren. Se envió a reparación. Curiosamente, en el libro bitácora aparece como “AT-6C”.
El NA-44 número 205 en el accidente de 6 de enero de 1947.
Son visibles los racks portabombas bajo el ala derecha (foto, col. MNAE)
Finalmente, resultó accidentado el 19 de abril de 1949 mientras era tripulado por el Tte.2º Mario Arriagada Mora, quien llevaba como pasajero a un Tte.2º de Carabineros, ambos declarados muertos presuntos a raíz del hecho. Del Grupo 10 de Transportes, a las 13.45 horas había despegado desde Los Cerrillos con destino a Puerto Montt; a las 16.10 aterrizó en Maquehue; a las 17.17 aterrizó en Osorno y tomó al pasajero, pero decidió volver a Los Cerrillos. A las 22.00 avisa por radio que se quedaba sin bencina y que el mal clima lo tenía a muy mal traer; el pasajero se lanza en paracaídas. Finalmente, el paradero de ambos y del avión no fue conocido. El 20 de junio de 1949 fue dado de baja.
Avión NA-44 número 206
NA-44, 6/206 (c/n 74-4750)
Lamentablemente, no tengo mayores datos del destino de este avión. Sin embargo, puedo decir que fue visto operativo en el raid El Bosque – Temuco de 11 de septiembre de 1942, y también el 12 de julio de 1946 en Punta Arenas, mientras participaba –como avión del Grupo 6– en la búsqueda del accidentado Vultee BT-13B Nº 158 (caído ese mismo día) de los tenientes Carlos Tapia de la Maza y Héctor Acosta Cornejo, avión que a su vez había despegado desde Bahía Catalina en misión de búsqueda del extraviado Vultee BT-13 Nº 185, cuando cerca de las 12.00 desapareció cerca de Morro Chico (luego fue encontrado en Santa Cruz, Argentina).
El fin del 207, siendo izado a una unidad de superficie de la Armada
luego de su caída al agua el 18 de agosto de 1950 (foto, col. MNAE)
NA-44, 7/207 (c/n 74-4751)
También visto operativo como 207 en Punta Arenas, del Grupo 6, el 12 de julio de 1946, en el accidente del Vultee BT-13B Nº 158.

Resultó accidentado el 18 de agosto de 1950 mientras era tripulado por Fernando Legües Macías, quien falleció en el hecho. Siendo del Grupo 6, a las 15.43 despegó desde Bahía Catalina, viró a la derecha y cayó al agua a 250 metros de la playa. Resultó en un 90% destruido y fue dado de baja el 4 de diciembre de 1950 sin llegar a establecerse la real causa del accidente.
NA-44, 8/208 (c/n 74-4752)
Resultó accidentado “a fines de diciembre de 1943” mientras era tripulado por el Tte.2º José Berdichewsky Scher, quien salvó ileso. El oficial estaba probando el avión a fin de trasladarlo a Magallanes, y al aterrizar en El Bosque entra en carrusel debido a una rueda frenada. Sufrió mínimos daños (un ala abollada y desmontada la rueda), los que fueron reparados de inmediato, y al día siguiente se fue al sur.
NA-44 número 208 en el accidente de 17 de diciembre de 1944 (foto, col. MNAE)
También se accidentó el 17 de diciembre de 1944 mientras era tripulado por el Tte. 1º Carlos Tapia de la Maza. Siendo del Grupo 6, a las 16.30 horas aterriza sin tren en Bahía Catalina durante la realización de unos vuelos populares en la Semana de la Aviación. Sufre 5% de daños, hélice, estanque de bencina derecho, antenas, flaps. Entró a reparación. A esa fecha, acumulaba 978 horas de vuelo desde la compra.
NA-44 número 208 en el accidente de 17 de diciembre de 1944 (foto, col. MNAE)
Resultó accidentado el 31 de enero de 1952 mientras era tripulado por el subteniente Jorge Rivera Calderón, quien salvó ileso. Asignado al Grupo 6, a las 11.40 horas despegó desde la rudimentaria pista de la localidad de Manantiales, cerca de Puerto Porvenir, y le falló el motor en la salida, debiendo aterrizar de emergencia de inmediato. Tuvo 8% de daños, afectando la hélice, capotas y la toma de aire; fue reparado rápidamente y volvió en vuelo a Bahía Catalina, aunque después tuvo que irse a revisión a la Maestranza Central. Tenía 1.474 horas de vuelo a esa fecha.
NA-44, 9/209 (c/n 74-4753)
Resultó accidentado el 18 de noviembre de 1941 (como número 9) mientras era tripulado por el Tte.1º Vicente Montero F. y el CDB Alfonso Lizasoaín, quienes salieron ilesos. Era del Grupo 4, y, durante un vuelo de reentrenamiento del CDB, en Los Cerrillos el avión despega, se ronza a la derecha, la hélice choca unos rastrillos, mata un caballo, flota un momento y se detiene. Daños de 3% en centro plano, hélice, abolladuras estanque derecho, capotas.

El NA-44 número 9, en revisión luego de su accidente de 18 de noviembre de 1941.
Son visibles los racks portabombas bajo las alas (foto, col. MNAE)
Resultó accidentado el 28 de abril de 1942 (todavía como número 9) mientras era tripulado por el Tte.1º Humberto Contreras Fuentes, quien salvó ileso. Fue un aterrizaje forzoso con tren arriba en el estadio de Limache por falla de motor. Hacía vuelo El Bosque – Quintero. Tenía 212 horas de vuelo y tuvo un 3% de daños.

El NA-44 número 9 en su accidente de 28 de abril de 1942 (foto, col. MNAE)
Visto operativo como 209 en Punta Arenas, Grupo 6, el 12 de julio de 1946, en el accidente de Vultee BT-13B Nº 158.
El 21 de mayo de 1947, el fin del NA-44 número 209 (foto, col. MNAE)
Resultó accidentado el 21 de mayo de 1947 mientras era tripulado por el CDB Carlos Barría Mejías y el Sgto.2º Luis Olave Bórquez, quienes salvaron ilesos. Asignado al Grupo 6, durante la formación de aviones sobre Punta Arenas en la conmemoración del Combate Naval de Iquique, al hacer la segunda pasada de sur a norte a las 12.16 horas, el avión tuvo falla de motor (rotura sello aceite) e hizo un aterrizaje forzoso al sur del camino Lynch, en la hijuela Kusanovic. Se destruyó e incendió. Había llegado a la unidad un año antes. Fue dado de baja el 2 de julio de 1947.
El NA-44 número 10 luego de sus accidente de 13 de enero de 1942.
Son visibles bajo las alas los pescantes para las bombas (foto, col. MNAE)
NA-44, 10/210 (c/n 74-4754)
Resulta accidentado el 13 de enero de 1942 como número 10, mientras era tripulado por el Tte.2º René Ianiszewsky, quien salvó ileso. Era un vuelo nocturno desde El Bosque, y aterrizó en Los Cerrillos sin tren por descuido del piloto. Tuvo escasos daños. No tengo otros accidentes registrados para este avión, aunque sí fue dado de baja el 27 de marzo de 1950 por haber sido desmantelado.
NA-44, 11/211 (c/n 74-4755)
Si bien todavía no tengo mayores datos de la vida de este avión, sí puedo afirmar que fue desmantelado y dado de baja muy tempranamente el 27 de mayo de 1944.
El NA-44 número 212, tal y como quedó luego de su accidente de 19 de octubre de 1943
(foto, col. MNAE)
NA-44, 12/212 (c/n 74-4756)
Resultó accidentado el 19 de octubre de 1943 mientras era tripulado por el subteniente Dagoberto Urzúa Casas-Cordero, quien salvó ileso. Siendo del Grupo 6, fue un aterrizaje forzoso sin tren desplegado en Bahía Gente Grande, Magallanes. Tuvo daños del orden del 30%, principalmente en hélice, timón, tren, centro plano, toma de aire, y antenas. Fue dado de baja el 27 de marzo de 1950, luego de haber sido desmantelado.
El NA-44 número 212
Epílogo
Poco más tengo que decir por ahora respecto de los NA-44 en la FACh. Indudablemente puede completarse el historial de observaciones de cada uno de los aparatos de acuerdo a lo que cada investigador nacional pueda haber recopilado (aunque un trabajo conjunto parece ser lejano a la “política habitual” imperante), y a algunas modificaciones que fueron recibiendo particularmente respecto a sus equipos de aviónica, materias que quedan para el análisis que voy a hacer al respecto en el tema general, el del Texan y sus demás versiones operadas en nuestro país.

Otro aspecto interesante es el relativo a su presencia, por ejemplo, en tierras magallánicas. En esta línea es particularmente recomendable el libro de A. Fernández “La aviación en Magallanes”, y algunos escritos aparecidos en la antigua “Revista Fuerza Aérea”. La prensa de la época es obviamente una buena fuente (de la cual sin embargo no hice uso en este artículo, por razones de costo agregado).

26 enero 2008

El último Commando, parte II

Datos complementarios

El CC-CAT en manos de la L.A. Cóndor (foto, sitio Aeroteide, de Rodrigo Santa-María Izquierdo)
Comencemos los trabajos de 2008 con la segunda parte del artículo sobre la historia del Curtiss C-46 matriculado CC-CAT. En la primera parte vimos el desarrollo de la generalidad de acontecimientos ligados a la propiedad del aeroplano, así es vayamos ahora al relato breve de una serie de circunstancias aisladas que nos permitirán conocer algunos aspectos anecdóticos, pero no menos interesantes, de la hoja de vida de este bimotor, avión que, por haber sido el último de su tipo operando en Chile, se ganó por derecho propio –a mi entender– un lugar destacado en la historia aeronáutica nacional.

El CC-CAT 0367 rodeado por curiosos luego de su
aterrizaje forzoso de 4 de abril de 1957 (foto, DGAC)

El 4 de abril de 1957, mientras nuestro aeroplano operaba para la asociación entre Lyon Air en Liquidación y ALA Ltda. –situación legal que vimos duró hasta 1959– se llevaba a cabo el vuelo carguero 702/769 entre Arica y Los Cerrillos, con escalas en Iquique y Antofagasta. Luego de haber despegado desde Iquique a las 20:59 Z con la intención de nivelar el vuelo a unos 7.500 pies, 15 minutos después y cuando ya había ascendido a 5.500 pies, el motor derecho explosionó por el desprendimiento de un cilindro, dañándose el sistema hidráulico que, entre otras cosas, permitía el adecuado funcionamiento del conjunto del tren de aterrizaje, flaps y la operación del sistema de emergencia. Luego de declarar la emergencia, retornó a Iquique y a las 17.22 horas aterrizó sin tren ni flaps en el aeródromo local, quedando varado unos 300 metros fuera de la pista. Los daños (reparables) ascendieron a un 30% del valor del avión, el que a esa fecha acumulaba unas 9.484 horas de vuelo. La tripulación salió ilesa; ésta estaba compuesta por el piloto Sergio Smith Gaete, el copiloto Giusseppe Rossito, el mecánico Álvaro Neira, y las auxiliares de vuelo Silvia Peric y Silvia Sta. María.

Vista aérea del hecho del 4 de abril de 1957 (foto, DGAC)
El 12 de mayo de 1964, mientras operaba bajo la tuición de la Línea Aérea Cóndor Ltda., nuestro avión se vio envuelto en un incidente que pudo resultar más grave de lo que en efecto sucedió. Se trató del vuelo Nº 1 entre Los Cerrillos y Arica, con escala en Cerro Moreno. El CC-CAT había salido desde Los Cerrillos a las 06.00 hora local, arribando a Cerro Moreno sin novedad. A las 09.25 horas, mientras estaba estacionado en la losa antofagastina, se estrelló contra el C-46 matriculado CC-COA y operado por Transportes Aéreos Squella (TAS). El delicado (aunque no poco habitual) accidente ocurrió mientras el CC-CAT, plenamente cargado, a pocos minutos de carretear y sin frenos, saltó de las cuñas de madera debido al fuerte empuje del viento y por el afecto coadyuvante de la gradiente natural de la losa, en el lugar que estaba ubicado entonces frente a las estaciones de trasvasije de combustible. La precipitación con que el piloto aplicó los frenos hizo que estos no respondieran debidamente, desplazándose el avión desde un nivel ligeramente más elevado que aquel en que se encontraba el avión de TAS, ubicado 25 metros más adelante y recibiendo mantenimiento. Los daños del CC-CAT no fueron menores, pues se vieron afectados el centro plano, una hélice y el borde de ataque del ala del mismo lado. La tripulación estaba compuesta por Juan Arellano Sánchez y por Eduardo Allende Pavón, piloto y segundo respectivamente.

Imagen del choque de 12 de mayo de 1964 (foto, DGAC)
Cuatro años después, el 15 de junio de 1966, nuestro protagonista nuevamente chocó en tierra contra otra aeronave, esta vez en el aeropuerto de Chacalluta, Arica, y teniendo como víctima a un Lockheed T-33 de la FACh, el seriado J-319. Aún bajo la potestad de la Línea Aérea Cóndor, en la madrugada el carguero se encontraba estacionado frente a los pits de la compañía Esso, con los motores en marcha. Una vez abastecido de combustible e iniciando la salida a pista a las 06.15 horas, la hélice del motor izquierdo golpeó al aparato militar que se encontraba estacionado y frenado en la misma losa junto a otros aviones del mismo tipo, rompiéndole la carlinga y aplastándole la nariz. El hecho de que a esta fecha el CC-CAT registrara acumuladas un total de 21.426 horas de vuelo nos permite apreciar su nivel de empleo, comparando con los datos consignados más atrás. La tripulación de ese día estaba compuesta por Patricio Délano, Eduardo Iñíguez, y Juan Navarrete, piloto, segundo y mecánico, respectivamente.

Detalle del choque de 12 de mayo de 1964 (foto, DGAC)
Finalmente, antes de enlazar con los hechos relatados en la primera parte de este artículo, y todavía en manos de la Línea Aérea Cóndor, el 21 de noviembre de 1974 el CC-CAT registró un incidente: mientras se desarrollaba el vuelo 47 entre Arica y Santiago, se vio obligado a aterrizar de emergencia en Cerro Moreno por falla de motor a la altura de Taltal. A fin de alivianar el aparato, la tripulación debió emplearse duramente para arrojar por el portón lateral más de una tonelada de carga contratada, mayormente mercaderías y víveres. La tripulación de entonces estaba compuesta por Eduardo Machuca Franzani, Luis Tapia Moraga, Juan Navarrete Cruz y Mario Bonosoc. Todos ellos salieron ilesos, siendo el último de los mencionados un pasajero eventual.